—Sujétate fuerte de mi mano, Elena —repitió Diego una vez más, con voz firme y sin titubear.
¡Brak!
La puerta principal del despacho sucumbió finalmente tras el violento impacto. En ese mismo instante, Diego giró la llave de emergencia en un rincón de la habitación y tiró de Elena a través de una puerta secreta que daba a un pasillo trasero del edificio. El eco de pasos apresurados y gritos descompuestos resonó al otro lado de la pared que acababan de dejar atrás.
Diego guio a Elena, quien aún