—Dame una oportunidad más para hacerte feliz, Elena.
Elena, que estaba limpiando una mesa de madera en la esquina de la cafetería del área de exhibición de Pasiro, detuvo el movimiento de su paño. Soltó un largo suspiro y cerró los ojos por un instante para contener la molestia que comenzaba a invadir su pecho. Al girarse, Sebastián ya estaba parado muy cerca de ella, sosteniendo un pequeño ramo de flores y una caja con comida costosa.
—Sebastián, este es mi lugar de trabajo —dijo Elena con voz