—Mónica se escapó del centro de rehabilitación de Madrid hace tres días, Diego.
Diego, que estaba puliendo las junturas del piso de granito en el pasillo principal del edificio Pasiro, detuvo el movimiento de sus manos. Enderezó la espalda y se limpió el sudor de la frente dengan el brazo de su uniforme de supervisor, arremangado hasta los codos. Sus ojos miraron fijamente a Martín, quien permanecía a su lado simulando revisar unos documentos de inspección de limpieza.
—¿Cómo fue posible? —preg