—¡Pak Arez, espere! ¡Por favor, espere un momento! —exclamó Elena mientras corría con todas sus fuerzas por los escalones de mármol, sosteniendo la caja de cartón firmemente contra su pecho.
El eco de sus pasos apresurados resonó por todo el vestíbulo que ya se encontraba casi vacío debido a la hora de salida. Elena llegó al pasillo del segundo piso con la respiración agitada y los ojos húmedos, buscando desesperadamente la figura alta del supervisor. Sin embargo, las puertas del ascensor priva