—Cancela todas las reuniones de esta noche. Tengo que irme ahora mismo —dijo Diego con voz cortante, antes de que su secretaria pudiera siquiera dejar los documentos sobre el escritorio.
—Pero señor, los representantes de París ya están esperando en la sala de abajo —respondió la secretaria con la voz ligeramente temblorosa.
—No me importa. Reprograma para la próxima semana. —Diego se sentó de nuevo en su silla de trabajo, apretando el teléfono con fuerza. En la pantalla, la fotografía enviada