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Pasaron varios días desde la firma del contrato. Asumí oficialmente mi nuevo papel como directora ejecutiva de la empresa. Todo marchaba de maravilla. El trabajo de mi abuelo había sido impecable. De ser la número siete en su rubro, en los últimos años se convirtió en la número tres. Yo sabía que mucho de ese ascenso se debía a mi ayuda, y eso comenzaba a escucharse en los pasillos.
No había visto a Alexander en los últimos días. Al parecer, no nos veríamos hasta el día de la boda, lo cual