Eros
Observaba a Josean actuar de manera desquiciada, al igual que al hombre llamado Dante, a quien ella había contratado para asegurarse de que este secuestro saliera perfecto.
El automóvil avanzaba por un camino desolado, envuelto en la penumbra de la noche. La tensión dentro del vehículo era insoportable. Laria seguía inconsciente a mi lado, su pequeño cuerpo apenas se movía con la respiración tranquila del sueño forzado. Era mejor así. No quería que fuera testigo de esta locura.
—¿A dónde no