Xavier.
Han pasado ya diez meses desde aquel día que marcó un antes y un después en nuestras vidas. Me encuentro en el cementerio, de pie frente a la lápida de mi hermano, mientras observo a mi padre y a Laria conversar un poco más adelante. La brisa fresca de la tarde mueve las hojas secas del suelo, y el silencio del lugar solo es interrumpido por sus voces.
—Papá, ¿seguro que me llevarás contigo a Miami? —pregunta Laria, con emoción contenida en su voz.
—Por supuesto, hija. Pasaremos una