Xavier
Golpeé suavemente la yema de mis dedos contra el escritorio de mi despacho, tratando de contener la frustración que me invadía. Lo que mi padre quería hablar conmigo, no era otro más que de Eros.
Aparentemente, hace algunos años, mi padre había puesto una gran cantidad de dinero a nombre de mi hermano. Y yo pensé que jamas lo apoyo. Ahora que necesitaba recuperarlo, Eros se negaba a devolverlo, argumentando que me lo había prestado a mí. Según él, no había necesidad de preguntarme porque