~Matías~
Al rayar el alba, los primeros rayos de sol entraban por la ventana de nuestro dormitorio, dándole un brillo especial a su sedosa piel. Cautivado por su belleza, observé por un momento su sensual figura. Con suaves caricias deleitándome por sus curvas, ella se fue despertando.
–Buenos días, cariño –dijo tallándose los ojos.
–Buenos días, lobita, ¿cómo has dormido? –pregunté, colocando un mechón de cabello rebelde tras su oreja.
–Muy bien, ya que estás aquí conmigo.
–¿Ah sí?
–Sí