Mi madre me encontró en mi habitación, sentada en la cama, con la nota de Beatriz en la mano.
—Hija. —Dijo, sentándose a mi lado. —¿Qué está pasando?
—Nada.
—No me mientas. Te conozco. Hay algo que no me estás contando.
Le mostré la nota. La leyó en silencio, y su rostro palideció.
—¿Quién es ahora?
—Los hermanos de William. O alguien enviado por ellos.
—¿Y William qué va a hacer?
—Enfrentarlos. Como siempre.
—¿Y tú?
—Voy a ayudar.
—¿Cómo?
—No lo sé todavía. Pero voy a encontrar la manera.
Mi m