66: El Rastro del Lobo.
25 de diciembre, 7:00 a.m.
La nieve había cubierto todo rastro. Pero yo sabía que alguien había estado allí. La nota en mi mesa de noche no apareció por arte de magia. Alguien entró en esta casa. Alguien cruzó el jardín. Alguien subió las escaleras.
Y William no se dio cuenta.
Eso era lo que más me dolía. Que él, que siempre lo veía todo, que siempre estaba alerta, no hubiera escuchado nada. Que la seguridad de la mansión, que él mismo había instalado después de lo de Laura, hubiera fallado.
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