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6: Las Consecuencias de tus Actos.

Abro mis ojos y todo a mi alrededor estaba oscuro, mi cabeza me duele muchísimo y siento que todo me da vueltas lo que me produce nauseas, con cuidado me siento y miro a mi alrededor mientras me llevo ambas manos a la cabeza, pero al momento en que la palma de mi mano derecha roza mi rostro siento un ardor terrible.

—¡Ah! ¡Rayos! —Me quejo entre gemidos de dolor.

—No toques tu herida, no queremos que se infecte. —Dice una voz femenina a mi lado.

Luego las luces se encienden y veo que se trata de una doctora.

—¿Quién es usted? —Pregunto confundida.

—Soy la doctora Jones, su jefe, el señor William me llamó en cuanto sucedió su pequeño accidente. —Responde a media voz. —Tuve que ponerle cuatro puntos de sutura… Mire la luz por favor. —Indicó mientras me alumbraba los ojos con una linternilla.

—Demonios… —Bisbisé apenada.

—Todo parece en orden, fuera de la herida, no tiene ninguna contusión. Pero lo mejor será que descanse un poco, perdió mucha sangre. —Indicó la doctora.

Vuelvo a recostarme al tiempo en que estudio la habitación con la mirada y al terminar veo que William se encuentra dormido en un sillón a un lado de mi cama con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

Al instante siento el calor subir por mi cuerpo hasta mis mejillas, no podía con la vergüenza que sentía, esto era mi culpa por andar espiándolo en su oficina, “Muy buen comienzo, Helena”, pienso enojada conmigo misma.

(***)

A la mañana siguiente, una risita suave junto a mi oído me despierta, al abrir mis ojos veo a Lucy acostada a mi lado, observándome con esa misma mirada calculadora y curiosa de su padre.

—Hola pequeña… —Musito con una leve sonrisa en mis labios.

—Tienes un chichón en tu frente… pareces un unicornio. —Dijo entre risas.

Revuelo los ojos y también comienzo a reír, no puedo creer lo elocuente que es esta niña, no deja de sorprenderme.

—Papá no sabe que vine a despertarte. No le digas que lo hice. —Pidió bajándose de la cama y luego se dirigió hacia un perchero cerca de la puerta y tomó una bata. —Toma, el desayuno está listo. Papá no quiso contarme como te hiciste eso, pero creo que estás en problemas… Seguro te castigará y no te dejará ver televisión.

¿Castigada? ¿Sin televisión? Sonaba gracioso, pero luego de ver su lista de reglas no me sorprendería si lo hace

Al bajar al comedor del penthouse, como dijo Lucy, su padre ya estaba allí tomando el desayuno en la cabecera de la mesa, al verme entrar con su hija inmediatamente negó con la cabeza y tensó su mandíbula, pero no dijo nada de inmediato.

—Buenos días. —Musité tomando asiento.

—Luciana, hija. Te di una orden muy clara. No debías despertarla.

No respondió a mi saludo, ni siquiera quiso mirarme a los ojos. Seguía enojado conmigo.

Entonces, al sentarme y pensar en lo que oí antes de tropezar y ser golpeada por el jarrón. Recuerdo claramente como él le gritaba a Logan por acercarse a mi… ¿Por qué no lo quiere cerca de mí? Él solo fue amable conmigo.

—Lamento mucho lo que pasó, no debí…

—Tienes razón. No debiste. —Sentenció él mirándome finalmente.

El océano de sus ojos me engulló de inmediato.

—No puedes entrar a mi oficina si no es necesario. Tampoco puedes espiar mis conversaciones, ni las de nadie más. Y mantente alejada de la decoración.

—Puede descontar el jarrón de mi salario. —Sugerí intentando resarcir la tensión.

—No me importa el jarrón, no tenía ningún valor monetario. Solo lo había elegido mi esposa.

Dios mío… Todo por andar con mi torpeza, era un recuerdo invaluable de su difunta esposa y yo lo había destrozado con mi cabeza.

—Los accidentes pasan y más cuando se hacen cosas incorrectas. —Acotó volviendo a concentrarse en su desayuno.

No había comido nada desde la noche anterior, pero había perdido el apetito. Esta sin duda, era la peor forma de iniciar en un empleo tan importante como este, ¿ahora qué pensará de mí?

De pronto. A lo lejos se oye un taconeo firme acercándose, no sé de quién se trata, pero suena bastante confiada. Volteo a ver hacia la sala de estar y descubro que se trata de una mujer joven y rubia, vestida con un atuendo elegante de alta costura y trae consigo un bolso de diseñador y tacones estiletos a juego.

—Laura, no te esperaba esta mañana. —Dijo William levantándose con cortesía.

—Supe que habías vuelto y pensé en ir a desayunar juntos, pero veo que te adelantaste… —Lo abrazó coquetamente y luego me miró con recelo. —Y veo que tienes compañía. —Añadió perdiendo la empalagosa dulzura en su voz.

—Ella es la Licenciada Helena. Mi nueva empleada. —Respondió William apartando una de las sillas y haciéndole un gesto para que se sentara.

—¿Una empleada? ¿En tu comedor? —Preguntó indignada. Ignoró su invitación a sentarse. —¿Desde cuándo las empleadas comen en el comedor? ¡Qué bochorno! ¡Y hasta le diste mi asiento!

Al instante bajo la mirada avergonzada y me levanto de la silla, no sé quién rayos era esta mujer, pero no quería quedarme a averiguarlo.

—Ella es mi nueva niñera, Helena. Y yo la invité. —Respondió la pequeña Luciana enfadada.

—Luciana, ¿Qué te he dicho de intervenir en las conversaciones de adultos? —Dijo William con firmeza.

—Tiene razón señor. No debo estar aquí. Con permiso. —Musito encogiéndome de hombros dispuesta a regresar a mi habitación.

—Eso no será necesario. Por favor, tome asiento. —Allí estaba, una vez más. Una orden de William disfrazada de petición.

—Claro que si es necesario. No me sentaré a la mesa con una empleada doméstica. Ve a la cocina con las demás, es allí donde perteneces. —Farfulló Laura indignada.

—No es una empleada doméstica, es la nueva niñera e institutriz de Luciana. No seas descortés y siéntate a desayunar con nosotros. —La dureza mordaz de William se hizo presente y con eso era momento de retirarme.

—Señor, ella tiene razón. Sigo siendo una empleada, no debo sentarme a la mesa con usted y honestamente no tengo mucho apetito. —Respondí y sin esperar alguna respuesta, di la vuelta y salí del comedor con la poca dignidad que me quedaba.

Comienzo a subir la escalera hacia la segunda planta del penthouse y entonces escuché a Lucy gritar:

—¡Si ella no se sentará con nosotros, yo tampoco!

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