4: En sus Brazos

Aun entre sus brazos, atontada por su belleza, me enfoqué en su impactante mirada, descubriendo que esa fulminante mirada de cuando llegué se había desaparecido, dejando una de preocupación y escrutinio absoluto. ¿Realmente estaba sucediendo esto o solo caí al suelo y me golpeé la cabeza? ¿Qué es esto que me ocurre?

—Helena. —Volvió a decir un poco más fuerte, sacándome de mi laguna mental.

Al descubrir que no era producto de mi imaginación, doy un respingo y me aparto de su calor y del retumbar de los latidos de su corazón, deshaciéndome de su agarre. ¿Por qué se aceleró su pulso? ¿Estaba acelerado por la impresión o había algo más allí?

—Señor… yo… —Farfullé nerviosa, desviando mi mirada hacia cualquier lado mientras luchaba por controlar el sofoco que me generó su poderoso tacto.

—¿Te encuentras bien? —Preguntó enarcando una ceja y al abrir su boca, su sonrisa me deslumbró.

—Sí señor, lo siento… mi sandalia. —Comencé a explicar, pero entonces él levantó su mano indicándome que parara.

—Logan. —Llamó a su asistente.

—¿Si, señor?

—Trae la maleta de la señorita. —Ordenó recobrando su tono frío y distante.

Poco después Logan llegó con mi maleta y la dejó en el suelo en medio de ambos.

—Toma un par de zapatos mientras tanto y si traes algo de verdad valioso también. —Pidió dirigiéndose a mí.

Inmediatamente me arrodillé en el pavimento, saqué unos tenis y una fotografía de mis padres que llevaba en un portarretrato de plástico.

—Bien. Logan, deshazte del resto.

Confundida abrí mis ojos como platos al tiempo en que me interpuse en el camino de Logan para evitar que tomara mi maleta.

—¿Pero, por qué? —Interrogué consternada.

Debo admitir que me enloquecía y a la vez me aterraba su autoridad, pero no podía quedarme callada, así como así.

—Ya no usarás esa ropa vieja y frágil nunca más. Estarás siempre cerca de mí y mi hija. No permitiré que te vean con esos harapos. Logan…

¿Harapos? ¿Cómo podía ser tan despectivo? Es lo único que tengo ¿Y también debo despojarme de eso? Solo eso bastó para que el fuego en mi interior se congelara convirtiéndose en un glacial.

Quería reclamarle, ponerle un límite, pero no podía hacerlo. Tenía que recordar que no hacía esto por mí, sino por mis padres y no podía darme el lujo de perder esta oportunidad por poner límites a un hombre que nunca en su vida los ha tenido y si los tuvo, estoy segura de que pagó para removerlos.

—Andando. Ya debíamos estar en camino. No todos podemos ser impuntuales. —Instó lanzándome una mirada de reproche.

En su mirada ya no había ni el más mínimo rastro de la preocupación o del escrutinio que tenía hace unos minutos. Abrumada por todo, me muerdo la lengua y subo las escaleras del jet, esta vez mirando bien por donde camino. Aún seguía nerviosa por el vuelo, pero mi inconformidad por todo lo que veía para mí en el futuro era más fuerte que eso.

El interior del jet era inesperado. Sí, era lujoso, aunque no era como lo imaginaba según como se ven los demás jets privados en la televisión con asientos enormes de piel y mesillas tipo café con televisores de plasma gigantes.

El jet de William era como un departamento que vuela, incluso al fondo pude ver a la pequeña Lucy, su unigénita, dormida en una cama del tamaño de mi habitación en casa, solo para ella. Toda la cabina era exquisita y elegante, con luces tenues, sillones de piel blanca, lujos interminables, alta tecnología y podría jurar que olía a dinero recién impreso, era realmente impresionante.

—Póngase cómoda, puede cenar y tomar lo que desee. Solo no haga ruido, no quiero despertar a Luciana. Necesito repasar los puntos para mi reunión. —Indicó él antes de sumergirse en su mundo imperturbable en un rincón apartado de mí.

(***)

El despegue del jet fue tan suave que ni lo noté, cuando miré por la ventana ya estábamos en el aire, e definitiva era un modelo de última generación, como era de esperarse. Mientras tomaba un té de manzanilla para relajarme, los flashes de mi pequeño contacto con William se apoderaron de mi mente, repasando cada una de las cualidades físicas del rubio. Estaba sudando, no sé si era el té o solo era lo que mi cuerpo liberaba por las imágenes en mi mente, al tiempo en que mi imaginación jugaba con la escena volviéndola más intensa, como queriendo torturarme a mí misma.

“¡Basta!”, pensé mordiéndome el labio. Ya no quería sentir esto, no podía permitirme imaginar algo así. “¡Es mi jefe! ¡Joder!”. Me reprendí a mí misma…

Luego recordé como me quedaba atontada mirándolo en su finca cuando recién lo conocí. Me parece hermoso, genera cosas en mí que jamás había sentido. Pero no cambiaré de parecer, si quiera pensar en eso es un error garrafal. No fui educada de esa manera, “¡Qué vergüenza!”, me reprendí a mí misma gritando en susurros que solo yo podía oir.

Una vez más estaba sumida en mi propio mundo imaginario cuando de repente, una fuerte sacudida me elevó de mi asiento y seguidamente me volvió a tumbar de golpe en el mismo. Las luces del jet comenzaron a parpadear al ritmo de mi corazón que se aceleró a mil por hora. La presión en el pecho me cortó la respiración y de inmediato comencé a hiperventilar cayendo en el pánico total.

—Vamos a morir. —Declaré con la voz quebrada, apretando los ojos con todas mis fuerzas.

Solo esperaba el impacto final.

“Señor Winchester, solo son turbulencias. Estamos atravesando una fuerte tormenta”. Informó uno de los pilotos por el intercomunicador.

—¡Por el amor de Dios! —Grité aterrada, encontrando mi voz finalmente.

Mi vida literalmente estaba pasando frente a mis ojos conforme el avión se sacudía y bandeaba cada tanto.

—Conserve la calma señorita García. Estaremos bien, esto es algo normal. Además, tenemos a los mejores pilotos. —Respondió William tan tranquilo como un puto robot.

Puede que él tuviera razón, pero no podía confiarme, en un momento así todo podría pasar. Así que, en lugar de conservar la calma, saqué un rosario que solía ser de mi abuela de mi bolsillo y comencé a rezar, verdaderamente estaba histérica y él no se preocupó por ello, solo que quedó observando desde su asiento.

Hasta que Logan decidió acercarse para intentar calmarme.

—Señorita García, le traje un poco de agua. Me quedaré con usted, tome un poco. —Pidió amablemente sentándose en el sillón frente a mí.

—Gracias. De verdad lo lamento. —Respondí, mi voz tembló como si estuviera dentro de un congelador. —Es mi primera vez en un avión y jamás me había alejado de casa sin mi familia. —Explique al borde del llanto.

—Deme sus manos y haga lo que le digo… —Sugirió el castaño.

—¿Para qué? —Pregunté ansiosa.

—Confía en mí. —Pidió tendiéndome ambas manos.

Finalmente acepté y le entregué mis manos.

—Bien, respira y concéntrate en mis ojos. —Indicó y así lo hice.

Me concentré en su mirada, una mirada calmada y serena que me transmitía la seguridad que necesitaba en ese momento, el apoyo que nunca creí tener en este lugar, pero allí estaba mi caballero de brillante armadura, listo para hacerme sentir segura.

Las turbulencias cesaron poco después y todo se normalizó, como si nada hubiera sucedido.

—Te lo agradezco much… —Comencé a decirle, pero fui interrumpida.

—Ya fue suficiente. No es para tanto. —Sentenció William acercándose a nosotros con una autoridad asfixiante.

—Señor yo solo… —Comenzó a decir Logan.

—Logan, sabes que no tolero las excusas y justificaciones. Cuando aterricemos te quiero en mi oficina. —Exigió William furioso.

“¿Por qué se comportaba así? ¿Acaso hicimos algo malo?”, me pregunté a mi misma, él solo me estaba ayudando y al parecer fue como prender en fuego al CEO.

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