William no durmió esa noche. Lo supe porque cuando bajé a la cocina a las tres de la madrugada buscando un té que calmara mis nervios, lo encontré sentado en la oscuridad, con el móvil en una mano y una libreta llena de anotaciones en la otra.
—¿Has llamado al detective? —Pregunté, aunque ya conocía la respuesta.
—Sí. Va a investigar a Valeria Renard. Antecedentes, dirección, trabajo, todo. Pero llevará tiempo. —Dejó el móvil sobre la mesa y se pasó las manos por el rostro. Parecía haber enveje