—Te necesito —susurró. —Dentro de mí.
—Todavía no.
—William...
—Quiero saborearte. —Bajé mis labios por su vientre, por la curva donde nuestro hijo crecía, por el borde de sus bragas—. Quiero recordar cada parte de ti.
—¿Y si no puedes?
—Puedo. —La miré—. Porque te tengo aquí.
Puse su mano sobre mi corazón. Latía fuerte, rápido, desbocado. Como el de un animal enjaulado que ha visto la libertad por primera vez.
—¿Lo sientes? —pregunté.
—Lo siento.
—Pues eso es lo que siento por ti. Siempre.
—¿A