130: La Mirada del Testigo.
Mientras William rechazaba a Isabel en la habitación del hospital, ajeno a sus súplicas y a sus mentiras, alguien observaba desde la oscuridad. No era un fantasma, ni un enfermero, ni un visitante ocasional. Era un hombre, delgado y silencioso, que llevaba más de una hora agazapado en el tejado del edificio contiguo, con una cámara de teleobjetivo apoyada en el borde de la cornisa y el ojo pegado al visor. El viento frío de la primavera suiza le azotaba el rostro, pero no se movía. No podía. Te