Narrado por Helena
El sobre llegó un martes por la mañana, en la bandeja de correo que Margaret vaciaba cada día a las nueve en punto. No tenía remite, no tenía sello, no tenía ninguna marca que pudiera identificarlo. Solo el nombre de Helena escrito con una caligrafía antigua, de esas que se aprenden en colegios privados donde los niños usan uniforme y los maestros usan varas. Margaret me lo entregó con cara de preocupación, como si ya supiera que aquel sobre no contenía nada bueno, como si el