Media hora después, yo seguía en la cocina, intentando calmarme con una taza de té que no bebía, cuando escucho la puerta principal. No era Laura. Era William, quien había regresado antes de lo previsto.
—Margaret me llamó. —Dice, entrando en la cocina con el rostro tenso. —Me dijo que Laura había venido. ¿Estás bien?
No le digo nada, pero asiento con la cabeza, pero él no parece convencido. Se acerca y, sin preguntar, toma mi mano. La tenía fría y todavía temblaba ligeramente.
—¿Qué te dijo? —