El Silencio de las Horas Muertas.
Esta mañana no me siento bien. Llevé a Lucy a su cama cuando el sol salió y luego regresé a mi cama. No bajé a desayunar.
Alguien toca a mi puerta.
—Pase. —Digo levantando la cabeza.
Es Margaret quien abre la puerta, ya pasaban de las nueve de la mañana. Traía consigo una bandeja con tostadas y una taza de té humeante, yo estoy sentada en la cama con las rodillas pegadas al pecho, no me he visto en el espejo, pero me arden y sé que están enrojecidos por tanto l