Narrado por William
El hotel en Ginebra era un edificio antiguo de piedra gris, con ventanas pequeñas que daban a un lago congelado y una recepción que olía a cera y a flores secas. No había elegido este lugar por lujo, sino por discreción. Nadie me buscaría aquí. Nadie sabría qué William Winchester, el magnate neoyorquino, dormía en una habitación de treinta metros cuadrados con vistas a la nieve y al silencio. Había dejado atrás la mansión, los guardias, las cámaras de seguridad y los abogado