Narrado por Helena.
El teléfono vibró sobre la mesa de noche por quinta vez en menos de una hora. La pantalla se iluminaba en la oscuridad de la habitación como un faro en medio de la tormenta, mostrando el nombre de William una y otra vez. Yo lo miraba desde la cama, con las rodillas pegadas al pecho y los brazos rodeándolas, sintiendo cómo cada vibración me atravesaba el pecho como una pequeña descarga eléctrica. No contestaba. No podía. No después de lo que me había dicho.
"No puedes quedart