El Precio de la Lealtad.
Al amanecer, bajo al comedor y encuentro la mesa puesta solo para mí.
—Buenos días, Helena. —Me saluda Margaret poniendo la mesa solo para mí.
—Buenos días… ¿Y los demás? —Pregunto enarcando una ceja extrañada.
—El señor salió temprano a la oficina. —Dice ella mientras me sirve una taza de café. —Lucy está descansando en su habitación, el doctor dijo que debía tener reposo porque despertó con una fiebre leve, así que no bajará. Y la señorita Laura llamó para decir que v