108: La Muerte Viva.
—Hola, William. —Dijo, con una sonrisa triste. —¿No me invitas a pasar a la casa? Hace mucho frío aquí afuera.
Quise hablar, quise gritar, quise preguntar, quise maldecir. Pero las palabras no me salían. Solo podía mirarla, con los ojos llenos de lágrimas y el corazón latiendo con tanta fuerza que creí que iba a estallar.
—No puede ser. —Susurré finalmente, con la voz rota. —Tú... tú moriste.
—Eso quería que creyeras. —Bajó la vista. —Todos tenían que creerlo.
—¿Por qué? ¿Por qué nos hiciste cre