Capítulo 44
Aquella loba en la cámara me volvía loco, Artemisa y su sensualidad era envolvente y un poco salvaje.
Cada movimiento suyo parecía diseñado para torturarme, y lo hacía con una naturalidad que rozaba lo excitante, Tenía esa mezcla peligrosa entre inocencia y experiencia, cara de angel y cuerpo de diabla.
Estaba recostada en su sofá, en esa habitación iluminada por luces tenues, neones rosados y que casi se podía oler desde la pantalla su perfume que debía ser de rosas, el mismo que