CAPÍTULO 54
El llanto de Mark me atravesó. Ese llanto terminó por delatarme frente al único lobo que no debía saber de su existencia.
El corazón me latía tan fuerte que juraba que podía escucharlo en mis oídos. Sabía que Xavier había entendido, o al menos sospechado.
—¿Ese hijo es mío, Mía? ¡Respóndeme!
Me quedé paralizada, incapaz de abrir la boca. Cada palabra que pensaba se me iba de la garganta antes, Solo podía mirarlo. Tenía culpa. Culpa de no haberle contado antes, de haberle escondido l