Capitulo 50
El golpe de la puerta me hizo saltar en el asiento. Boris entró al auto con una sonrisa que daba miedo, Sus ojos estaban fijos en mí, llenos de deseo y rabia, dilatados y oscuros
—Eres mía —dijo, con esa voz gruesa que siempre me helo la sangre y permanecia en mi cabeza como el peor de los recuerdos—. Te he querido desde el primer día y hoy no te irás.
—¡Vete de aquí! Puedo ordenar que te ejecuten —gruñi fingiendo fuerza pero estaba temblando.
—Si te hago mía, no me importa perder