—Todos sus recuerdos relacionados contigo.
La frase de Viola no produjo ningún sonido dentro de mí.
O quizá produjo demasiados.
Kael seguía sentado sobre el suelo de la capilla, con la espalda apoyada contra el altar y una mano presionada sobre la herida de su pecho. Sus ojos dorados recorrían mi rostro sin detenerse en ningún detalle conocido.
No había reconocimiento.
Ni irritación.
Ni esa cautela personal que utilizaba conmigo, distinta de la que reservaba para enemigos y miembros del Consejo