Mundo ficciónIniciar sesiónKael abrió los ojos.
Completamente negros.
Su mano seguía cerrada alrededor de la mía.
Durante un segundo nadie se movió.
Después sus dedos se apretaron.
Los huesos de mi mano crujieron.
—Kael —dije.
Su rostro permaneció inmóvil.
No había dolor, miedo ni reconocimiento en él. Tampoco podía buscarlo a través del vínculo. El contrato habí







