—Libérame, esposa del último Blackthorn.
Los ojos dorados bajo el trono permanecieron fijos en mí.
—Y te mostraré quién escribió realmente tu contrato.
Lucien reaccionó antes que el Consejo.
—Guardias, deténganla.
Cuatro wolves avanzaron.
El lobo encadenado gruñó.
El sonido no sacudió únicamente la sala. Atravesó la piedra, recorrió las vigas y entró en los huesos de todos los presentes.
Los guardias se detuvieron.
Uno cayó de rodillas.
Los otros tres dejaron caer sus armas.
—No obedecerán una