Mundo ficciónIniciar sesiónLas sombras se cerraron alrededor de Kael.
No eran simples cadenas. Tenían dedos, uñas y voces. Decenas de manos negras salieron del altar y se aferraron a sus brazos, su cintura y su cuello.
Kael rugió.
Su magia explotó en una llamarada dorada, pero las sombras absorbieron la luz y tiraron de él hacia la escalera.
—¡Elara, suéltame!
—No.
Seguía sosteniendo su mano.
La cuarta cl







