Mundo ficciónIniciar sesiónPapá.
La palabra parecía demasiado pequeña para producir aquel silencio.
Estaba bordada sobre la mitad de un lobo de lana, con hilo plateado y puntadas irregulares, como si unas manos infantiles hubieran intentado escribirla sin comprender todavía por qué podía cambiarlo todo.
Kael sostenía el juguete sobre la palma.
No apartaba los ojos de él.
Mirella fue la primera en recuperar la voz.
—Definitivamente no es mío.
—Ya lo dijiste —murmuró Rowan







