—Y exige que entreguemos a Kael antes del amanecer.
La voz de mi madre quedó suspendida dentro del cristal.
Durante un segundo, no escuché nada más.
Ni el crujido de la cámara.
Ni la respiración de Kael.
Ni el latido violento de mi propio corazón.
Solo vi la espada apoyada sobre el cuello de Rowan.
Mi hermano permanecía arrodillado entre los árboles. Tenía las manos atadas a la espalda, sangre en la sien y una herida oscura bajo las costillas. Aun así, su rostro conservaba aquella calma irritan