El infierno desatado (1era. Parte)
El mismo día
Palermo, Sicilia
Oriana
Una regla en el mundo de la mafia: nunca perdones una ofensa. Quien se atrevió a tocarte, a desafiarte, a ensuciar tu nombre, debe pagarlo. Con sangre, con miedo, con pérdida. No importa cuánto tiempo pase. No importa cuántas manos se tiñan en el proceso. El castigo debe llegar, porque si eres débil, todos —absolutamente todos— se vuelven carroñeros. Primero te miran con lástima. Luego con desprecio. Después te pisan. Y ese error… solo se comete una vez. Por