Todos erramos alguna vez.

Luego de la conversación entre Violeta y Sabrina, la pelicastaña subió para ver a su madre. Tocó la puerta un par de veces, hasta que finalmente Lara abrió, al verla frente a ella permaneció en silencio, aguardando los insultos de su hija.

—¿Podemos hablar?

—Claro, Violeta. Entra. —Violeta entristeció al ver sobre la mesa de noche un portarretrato suyo de cuando apenas tenía meses. Se aproximó y lo tomó entre sus manos.

—¿Soy yo? —la mujer asintió, no se atrevía a pronunciar ni una sola pal
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