—Siéntese por favor —Nolan rompió, el incómodo silencio.— Quiero que me diga que pasó entre usted y mi hija.
—No lo sé, desde que la niña llegó del paseo estaba un poco arisca, yo quise acercarme a ella y no dejó que la tocara, cuando tomé el peluche para decirle que me lo llevaría, Samantha reaccionó desesperada… yo le juro que no hice nada —Violeta une ambas manos palma con palma y mirada suplicante.
—¡No puedo creer que mi hija le trate mal sin un motivo claro! Samantha es una niña dulce ¿