Nunca antes había estado en una situación más incómoda que esa donde casi todos los presidentes estuvieron atentos a las acciones del presidente.
Después de haberme dicho aquellas palabras, las cuales me dejaron pálida dudosa intrigada, todos se percataron de tan atrevido acercamiento conmigo.
El vicepresidente era uno de los que no dejaba de lanzarme miradas dubitativas, aunque yo no lo comprendía, tal vez era por el descaro de su cuñado en presencia de sus socios.
Todos salimos de la sala de