Lo que siguió a continuación fue una lucha interna, un tira y afloja entre lo que sabía que debía hacer y lo que mi corazón y mi cuerpo me dictaban.
Sus palabras resonaban en mi mente, confundiendo mis pensamientos, haciéndome cuestionar todo. Pero al final sabía que debía mantenerme firme, no podía dejarme llevar por sus palabras y mucho menos por sus caricias tan exquisitas.
—No le creo, señor Norton —dije en voz alta, rompiendo el silencio.
Él suspiró y se acercó, su respiración cálida roza