Nunca había sido capaz de ser tan animal con nadie. Sara despertaba emociones en mí que ni siquiera sabía que podía tener.
Agarré sus bragas en mi puño, y gimió cuando separé la tela de su cuerpo. Después de tirarlas al suelo, comencé a acariciar todo su cuerpo hasta los hombros.
Bajé mis dedos por su brazo, hasta sus manos, ordenándole que las pusiera sobre la mesa del tocador, doblándome ligeramente sobre ella.
Agarré mi miembro y la provoqué, rozando su entrada con la punta.
Me excité más c