Sara todavía me miraba a los ojos desde el espejo, y vi reflejado como su pecho subía y bajaba rápidamente.
Ella estaba tan frenética como yo.
Eso hizo que mi boca se tornara en una sonrisa torcida, mientras ella me miraba fijamente.
—Bueno, a pesar de lo que puedas estar pensando —dijo mientras recogía los cosméticos y los metía en su bolso—, será mejor que vuelvas al jardín. Tu familia te debe estar echando de menos.
—No, la verdad es que no —dije sin dejar de sonreír—. Realmente mi padre m