El desayuno la pasé de lo más aburrido, ya que los hombres sólo hablaban del contrato y la Aysha esa no me hablaba para nada.
—¿Qué opinas del contrato? —preguntó Harvey cuando estuvimos de vuelta en el hotel.
—Está muy bien para nuestra empresa, pero eso sí, debes poner en el contrato cuánto sería tu ganancia anual o mensual —dije sin mirarlo.
—¿Cuál es la diferencia? —preguntó, mientras se sacaba el saco.
—Ven —dije sentándome en el sofá.
Entre mis manos tomé el contrato, mientras que con un