Ema entró en el baño y la primera mirada que recibió fue la de dos mujeres que acababan de salir. Se deshizo de sus miradas mientras se ponía delante del espejo y miraba su propio reflejo.
—¡Despierta, Ema! —Se advirtió a sí misma mientras miraba directamente al reflejo que parecía no reconocer.
Juró que su tía había hecho un buen trabajo con su maquillaje. No era excesivo. No era demasiado ligero. Decía lo justo sobre ella.
Se cepilló ligeramente los bordes del pelo con los dedos antes de saca