Caminó con elegancia, sus tacones puntiagudos hacían ruido en las baldosas del pasillo del hospital mientras se acercaba a la habitación del anciano. Un guardaespaldas la seguía. Su atuendo y el sonido de sus tacones hicieron que todas las miradas se fijaran en ella al pasar. Tenía una piel hermosa y bien bronceada. Sus cejas estaban bellamente curvadas, su nariz era fina y larga. Ojos almendrados. Sus labios eran finos y carnosos, con un carmín rojo aplicado en ellos.
Se paró frente a la puert