Tres años habían pasado desde que las últimas páginas de su historia anterior se cerraran con la partida de Leo hacia Europa. En la casa del puerto, el tiempo no había transcurrido en vano, pero a diferencia de la década de sombras y persecuciones, cada día se había grabado como una muesca de serenidad y plenitud.
El despacho de la planta baja, que una vez alojó mapas tácticos y estrategias de defensa legal, se había transformado por completo. Las paredes de piedra desnuda estaban cubiertas po