Mundo ficciónIniciar sesiónEl yate, de líneas elegantes y color blanco inmaculado, no cortaba el agua con la agresividad de quien busca conflicto, sino con la parsimonia de un visitante que sabe que es bienvenido. Antonio no relajó su postura; sus hombros seguían tensos, protegiendo el costado de Mia, aunque su mano, ahora adornada con una alianza de oro, acariciaba el brazo de ella con un ritmo calmado que desmentía cualquier rastro de pánico.
—No es una amenaza —susurró Mia, entrecerrando los ojos para distingui






