Mundo ficciónIniciar sesiónEl estruendo del disparo no retumbó en los oídos de Antonio como un trueno, sino como un restallido seco que le heló la sangre. El dolor no fue inmediato; fue una onda de calor abrasador que le atravesó el costado izquierdo, un golpe seco que lo hizo dar un paso en falso sobre el charco helado.
Sintió el suelo tambalearse. El aire se le volvió espeso en los pulmones, mezclado con el hedor a pólvora y la sal del mar. —¡Hijo de puta! —maldijo uno de los matones






