El sol ya colgaba bajo sobre el océano para cuando llegué a la playa. Habían pasado muchas cosas desde que Alex me había emboscado en mi propia habitación. Había logrado vestirme sin morirme de la vergüenza. Luego había bajado a almorzar sola porque, aparentemente, Alex se había esfumado de nuevo con la excusa de preparar nuestra zona de entrenamiento.
Lo cual me dejaba con demasiado tiempo para pensar. Pensar era peligroso. Especialmente después de lo de anoche. El recuerdo afloró de inmediato