Sarah no sabía dónde se encontraba, estaba cansada sus pies le dolían y sabía que Alan estaba sufriendo de dolor de espalda porque la llevaba cargada hace más de media hora.
Nunca imagino que ese kilómetro fuera tan largo, ya no sabían cuánto tiempo llevaban caminando pero el cansancio en la cara de tos era palpable
— pues bajarme Alan, no es necesario que me sigas cargando — el gruño negando.
— no voy a dejar que te descompongas aquí, estamos muy cerca
— eso es lo que has dicho hace más de me