Sara aprieta a su pecho con fuerza a su hija, ver de nuevo esta ciudad, no le trae buenos recuerdos, por lo que solo cierra los ojos y espera con todo su corazón, que las cosas. Salgan bien.
Con la mirada puesta enfrente, camina junto a su familia y amigo que no la deja sola en ningún momento, a pesar de que la madre de ellos con su hermano menor que era el perro faldero no dejaban de verlos.
—Tranquila, no prestes atención a nada de lo que digan —indica Alan tomándola de la cadera, Sara