RESISTIÉNDOSE AL AMOR. Capítulo 51: Una vida que odiaba
ELIZABETH REED
Aún me dolían los nudillos. El golpe que le había dado a Evan fue tan fuerte que abrir y cerrar la mano resultaba molesto. Después de usar un par de autobuses para salir de la ciudad. Caminé un rato por la carretera. Como cada vez que huía, compré ropa en una tienda pequeña que manejaba precios económicos y adquirí un tinte semipermanente que usé en el baño de una gasolinera. Entré como rubia y salí con un castaño cobrizo que cuando le daba el sol reflejaba brillos rojizos.
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